
Saludos de nuevo blogger@s!!
Desde que empezamos este proyecto hemos estado muy pendientes de vuestros comentarios buscando aquellos temas que más podían interesar a los vecin@s de nuestro municipio. Y podemos decir que aunque son varias las vertientes que éstos han tomado, el que más controversia e interés ha originado ha sido el de la renovación de los principales partidos políticos.
Pensando un poco sobre la manera en la que podíamos aportar nuestra opinión y generar un debate serio, objetivo y real sobre ello, hemos creido oportuno traer a colación un artículo que se publicó el pasado 14 de agosto en el diario de tirada nacional "El País".
Por suerte, para nosotros, nuestra inquietud intelectual nos hace recorrer cada día las páginas de opinión de los principales diarios de nuestro país para conocer y aprender de las ideas de los grandes pensadores y escritores que a través de sus artículos o columnas de opinión tienen a bien compartir con sus lectores.
Así, son fuente de nuestro enriquecimiento idiosincrásico, entre muchos otros, Manuel Vicent, Almudena Grandes, Luis Sepúlveda, Fernando Savater, Cabrera Infante, Arturo Pérez-Reverte, Paulo Coelho, Juan Manuel de Prada, Antonio Gala...
Pero nosotros nos vamos a centrar en el artículo "La Política y el Amor" que Fernando Savater publicó hace ahora un mes y que pese a la distancia geográfica y las diferencias personales de a quienes va dirigido calza como un guante con la situación política actual de algunos partidos de nuestro municipio y con sus máximos responsables, y si no juzguen ustedes.
Para nosotros, la primera idea que nos muestra Savater es toda una máxima que define la situación de algún que otro partido. Y es que según este filósofo los que han estado (y están) mandando han dedicado sus esfuerzos políticos ha evitar la competencia de aquellos que han podido quitarles ese privilegio (tanto dentro como fuera de su partido) y han buscado la forma de continuar mandando aunque (o sobre todo si) suponga frenar los cauces normales y naturales de renovación ideológica y/o generacional.
"Las dictaduras sólo pueden hacer política exterior -porque fuera mandan también otros-, pero hacia dentro no hay más que represión de la política, es decir, persecución de los competidores en la facultad de mandar. Y trucos para seguir mandando a pesar de los pesares..."
También establece una relación entre Franco y los políticos que le han sucedido y que aún se encaraman a sus puestos sin dejar paso a las nuevas oleadas renovadoras de jóvenes políticos con inquietudes y preocupaciones. Para Savater, estos políticos añoran algo que en tiempos de Franco existía y que consistía en que no todos podían tomar decisiones importantes, sino que eso estaba reservado para una élite de personas que se consideran especiales (por eso muchos han permanecido en sus cargos un cuarto de siglo e incluso los hay que empezaron en la Transición y aun a día de hoy siguen aferrados a sus puestos).
"Cuando digo que la orden de Franco de no meterse en política sigue vigente no pretendo insinuar que hoy en España mande sólo uno o sólo unos cuantos, lejos de mi tan comprometedora insidia. Pero creo que aún perdura cierta nostalgia de los tiempos en que las decisiones importantes estaban reservadas a una casta restringida, excluyente y poco acogedora para quienes no tenían debidamente aprobadas las pruebas de acceso."
Hay algo que Savater destaca y es el hecho de que un ciudadano (que para esos políticos no tiene más obligación que la de obedecer) decide dar el paso de pretender ser "un político" involucrándose en la vida de su comunidad promoviendo iniciativas y por tanto entrometiéndose en lo que les toca hacer a ellos y poniendo en peligro lo que han dispuesto los que gobiernan (y por tanto los verdaderos y únicos políticos). Según el filósofo vasco, esto es visto como intrusismo profesional por los "profesionales de la política".
"Pero cosa diferente es que ciudadanos sin mejores títulos políticos (es decir, simples especialistas en obedecer) pretendan con descaro plantear iniciativas y promover acciones que puedan interferir de algún modo eficaz en lo que los especialistas en mandar han acordado entre ellos. Tanto atrevimiento es visto e inmediatamente descalificado como intrusismo profesional por parte de los políticos que manejan el mundo de las decisiones, no ya de las opiniones.
[...]Hacer política cuando no es político reconocido equivale a poner multas sin ser guardia municipal: una forma de usurpación. Y de poco sirve recordar a quien corresponda que en una democracia los políticos -no por afición sino por institución- somos todos los ciudadanos."
Por tanto, Fernando Savater denuncia en este artículo la aberración a la que nuestro sistema democrático nos ha llevado dado que aquellas personas que quieran participar en la vida social y política de su comunidad no sólo deben afiliarse a un partido político con un cierto peso y solidez, sino que además deben empezar desde abajo demostrando su validez y adulando a sus líderes para llegar a serlos ellos mismos y luego (como han hecho sus predecesores) aprovecharse de su situación privilegiada.
Si no sigues ese camino marcado se te acusa de generar mal estar en el partido, de crispar y de favorecer a los partidos adversarios.
" Y después lo mismo ocurre en política: quien sienta la comezón participativa, debida a una sobreexcitación de sus hormonas democráticas, debe afiliarse a un partido sólido y acrisolado, pasar en él los largos y abnegados años de meritoriaje, ascender poco a poco en la jerarquía burocrática, obedecer a los líderes hasta llegar a serlo uno mismo y sobre todo barrer siempre para casa. Por esta vía cualquier peón indocumentado adicto a la propaganda sectaria puede convertirse en un respetable hombre de Estado: ejemplos no faltan, miren a su alrededor.
En caso contrario, la pasión política asilvestrada lleva a los más atroces desvaríos: crispación, hacer el juego al adversario y sobre todo inoportunidad. Ninguna iniciativa política propuesta desde fuera de los partidos puede corresponder al espíritu del momento ni a lo que pide la situación presente, porque la oportunidad y lo que pide el momento presente son la principal manufactura monopolizada por los partidos."
Lo que Fernando Savater nos cuenta en este artículo es la situación que algunos partidos (y sobre todo los grandes fracasados de las pasadas elecciones municipales) están viviendo en su seno, al menos visto lo que muchos de nuestros comentaristas (y alguno que otro con firma incluida) han compartido con toda la comunidad de algarrobo-alternativo.
Nosotros, por tanto, suscribimos las palabras de Savater y desde aquí os recomendamos que echéis un vistazo a su artículo al completo (pincha en el siguiente vínculo para leerlo http://www.elpais.com/articulo/opinion/politica/amor/elpepiopi/20080814elpepiopi_4/Tes) porque no tiene desperdicio. Y como él, pedimos más libertad en nuestros partidos políticos y les recordamos a quienes se creen figuras ya institucionalizadas dentro de sus partidos que "en una democracia los políticos somos los CIUDADANOS."
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